Mundo de Cine
Anónimo y la teoría que pone en duda la obra de Shakespeare

Todos hemos sido engañados por William Shakespeare. Esa es la premisa que propone el director Roland Emmerich con Anónimo, su ultima película que llegará a cartelera durante el mes de Febrero. El siguiente trabajo de Emmerich después de la apocalíptica 2012, desarrolla una compleja trama de intriga en torno a un supuesto secreto: grandes obras de la literatura universal como Macbeth, Hamlet y Otelo no habrían sido escritas por el dramaturgo inglés sino que por un importante noble de la Corte Real de Inglaterra.
Roland Emmerich es un director acostumbrado a la acción y la posibilidad de llevar a la pantalla episodios caóticos como en El Día de la Independencia, Godzilla o El Patriota. Sus películas más recientes también hablan sobre desastres, pero enfundados en el miedo sobre mitos extendidos como las posibles consecuencias del calentamiento global (El Día Después de Mañana) o caos que muchas religiones y culturas creen que ocurrirá este año (2012). Con Anónimo el realizador se introduce en el drama de época a través de un thriller basado en la teoría que pone en duda el origen de las obras atribuídas a Shakespeare.
¿En qué se basan estas teorías? Las dudas sobre el autor de las obras más importantes de la literatura inglesa se centran en el perfil sociológico del dramaturgo. Partiendo de la base de que muchos episodios de su vida continúan siendo un misterio, la figura de William Shakespeare (1564 – 1616) aún no ha sido analizada del todo. Se le atribuyen cerca de 38 obras dramáticas, además de sonetos y otros poemas que no han sido recopilados completamente. La duda sobre la autoría surge de la contradicción entre la complejidad de temas que Shakespeare plasmó en su obra y la falta de estudios académicos durante su vida. Según los expertos, la literatura de Shakespeare mantiene una relación directa con el drama aristotélico, además de una gran habilidad para condensar en sus personajes una carga interpretativa y de significado.
El problema es que todo esto no guarda relación con las referencias que se tienen de Shakespeare: hijo de una familia sumida en la pobreza tras su nacimiento, vivió durante su infancia en Stratford, donde apenas se tienen conjeturas de que haya recibido instrucción escolar. De lo que sí se tiene certeza, gracias a testimonios de otros escritores contemporáneos, es que el autor nunca pisó formalmente una escuela superior o una universidad. Por otro lado, también se especula que algunas de sus obras son también responsabilidad de otros escritores como John Fletcher y John Donne, a quienes Shakespeare solía frecuentar. Incluso, se sabe que dichos autores participaron en la reescritura de manuscritos que se perdieron tras el incendio del teatro en que funcionaba la compañía de Shakespeare. Otro argumento que suele mencionarse contra el inglés es la incongruencia respecto a sus hijas, quienes nunca aprendieron a leer y escrbir. ¿Qué autor con semejante conociento demostrado podría haber permitido dicha situación?
Entre quienes se les atribuye la verdadera autoría del canon shakespeareano se encuentra Edward de Vere, Conde de Oxford y miembro de la corte de la Reina Isabel I. De Vere fue escritor y dramaturgo, algo común entre la realeza de la época. Según los detractores de Shakespeare, el conde sería el real autor de su obra, aunque su falta de ambición por el reconocimiento y la fama le habrían impedido firmar sus escritos. Este personaje es el que toma Roland Emmerich para dar vida a Anónimo.
“Necesitaba una razón mucho más sólida como para justificar el por qué un autor no pondría su firma en la obra y de repente tuvimos la idea de crear una situación mucho más emotiva (…) Siempre tuve la inquietud de crear una tragedia alrededor de la vida de Shakespeare pues me siento mucho más identificado con la obra trágica del escritor” mencionó Emmerich, quien duda firmemente de la identidad de la obra de Shakespeare. A él no parece importarle derribar tabús, como lo hizo anteriormente con la destrucción de la Casa Blanca en El Día de la Independencia. “Decir que Shakespeare no escribió sus obras es otro tabú, pero no estoy solo. Gente como Sigmund Freud, Mark Twain o Walt Whitman pensaban igual que yo” opina el director.
